domingo, 17 de fevereiro de 2008

Minería metálica: el genocidio del futuro

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Miércoles, 30 de Enero de 2008 / 10:10 h

Minería metálica: el genocidio del futuro*

La minería de metales nos matará de sed o de hambre, aunque ahora nos ofrezca empleos, dinero y desarrollo”.


Esta es la entrada del pronunciamiento público de los centenares de jóvenes y niños que protestaron contra los proyectos de explotación minera, el 13 de diciembre del año pasado, en San Isidro, Cabañas.

“Por muy verde que la pinten, su color es tan negro como la muerte”, continúa el comunicado que los novatos protestantes distribuyeron como boletín de prensa en el mercado, la entrada de la parroquia y demás sitios del casco urbano del municipio, cuyo alcalde es activista de la empresa minera Pacific Rim.

La advertencia de estos jóvenes y niños no es exageración.

Al contrario, plantea en la forma más realista los daños que la extracción de metales causa a la salud de la población.

Para demostrarlo, los manifestantes señalaron que los proyectos mineros podrían acabarse o contaminar el agua de las comunidades del norte del país, los perjuicios que esto provocaría la salud de la población y daños en las actividades productivas.

Ambos argumentos –los perjuicios al agua que causaría la explotación minera y la incompatibilidad de estos proyectos con el desarrollo del país– se plantearon en nuestros artículos anteriores.

Ahora retomamos la amenaza a la vida de la población, vista desde el impacto negativo en la salud humana provocado por los químicos tóxicos utilizados en el proceso de separación del oro y por la incorporación de metales pesados al cuerpo de las personas.

Entre estos venenos usados para lixiviar metales destacan el cianuro, arsénico, mercurio y otros que –a pesar de estar prohibidos en la mayoría de países mineros– Pacific Rim pretende usarlos en sus proyectos de explotación.

El cianuro está prohibido en Estados Unidos y Canadá, pero esta empresa usará dos toneladas diarias, sólo en la mina El Dorado de San Isidro, en Cabañas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición a niveles altos de cianuro por períodos breves produce daños al cerebro y al corazón, estado de coma y muerte; y la exposición a niveles bajos por varios años produce dificultad para respirar, dolor de pecho, vómitos, cambios en la sangre, dolor de cabeza, agrandamiento de la glándula tiroides y otras enfermedades que conducen finalmente a la muerte.

Por tanto, las 7 mil 300 toneladas de cianuro que serían utilizadas en El Dorado y las 211 mil 700 toneladas usadas en los 29 proyectos mineros de la zona norte son una verdadera amenaza: la causa de un genocidio.

El arsénico produce lesiones en la piel, trastornos respiratorios y cáncer de la piel, gástrico, de pulmones y otros.

La OMS señala que este veneno constituye un grave riesgo para la salud humana, en particular cuando la población está expuesta a varias fuentes contaminada –por ejemplo: emisiones aéreas, agua de cañería y presencia en las hortalizas–.

Investigaciones de los ministerios de Salud y de Medio Ambiente confirman que en nuestro país ya existe contaminación natural de arsénico en los lagos de Coatepeque e Ilopango, fuentes termales y en otros lugares.

El arsénico del drenaje ácido de la minería causará estos daños.

El mercurio es un tóxico que daña los sistemas nervioso, gastro intestinal y renal; produce temblores, perdida de equilibrio corporal, ceguera parcial, abortos y malformación congénita.

Un estudio realizado por el Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad de El Salvador demuestra que varios ríos de la zona oriental del país tienen altas concentraciones de mercurio, debido a la contaminación causada por las minas que existieron en los años cincuenta, sesenta y setenta en el norte de La Unión, Morazán y San Miguel.

El agua de estos ríos –de color amarillenta y verdosa– ya no es útil para ninguna actividad humana.

El mercurio y otros tóxicos como el antimonio, cadmio, cromo, plomo, selenio y talio son producidos por los materiales contaminantes que salen de las minas y se incorporan al agua, aire y suelo.

Casi todos son bioacumulables, es decir, se incorporan al cuerpo humano a través de los alimentos –frutas, verduras y carne– que los adquirieron por medio del agua, suelo o aire.

Ya en el cuerpo humano provocan aumento del colesterol en la sangre, descenso del azúcar y náuseas (antimonio); lesiones renales, cáncer de pulmón y osteoporosis (cadmio); cáncer de riñón, daños al hígado y problemas al tejido fino nervioso (cromo).

El plomo produce en los niños y niñas retardo físico y mental, falta de concentración e incapacidad de aprendizaje; y en los adultos provoca trastornos renales, del sistema nervioso e hipertensión. El selenio causa caída de cabello, problemas circulatorios, fatiga, irritabilidad nerviosa, daños al tejido fino del riñón y al sistema nervioso.

Y el talio provoca caída del cabello, alternación de la sangre, trastornos renales, intestinales o hepáticos. En el drenaje ácido de la minería metálica proliferan estos metales pesados, y nosotros sufriremos sus daños si los proyectos mineros de Pacific Rim y de otras empresas foráneas son permitidos.

*Equipo de comunicaciones de la Mesa Nacional frente a la Minería Metálica.